Suena la ocarina,
alma poli tonal viajando;
colmando de pureza
las cumbres de mi tierra,
planicie horizontal
de sol y flor.
Voz de Quetzalcóatl
cantando en las vertientes,
alimentando el espíritu
de la belleza natural.
Voz doliente en el polvo
ancestral de mi ciudad,
rugido del jaguar;
clamor en el templo de La Cruz Foliada
emplumada de verde,
sollozo de humedad;
que levemente enjuaga
la boca del maizal.
Regalo del cenzontle,
que arrulla el corazón de Tulum;
soplando en la cicatriz baldía
del almanaque fúnebre en el cielo.
G. Calderón